miércoles, 24 de febrero de 2016

Ganas de verte

Tengo  los registros visuales de nuestra aventura en el parque Washington
las memorias intactas de la osadía del tiempo
si olieras como yo con vivacidad la hierba húmeda
ahora que no estás
me siento embargado de recuerdos
de la altísima necesidad de tu presencia
imperiosa y tal vez absurda, de tenerte
entre los brazos del hoy que nunca te olvida
con los susurros del ayer sobre la nuca.

Repaso como una triste manía
a 150 segundos por fotografía
esa huella de tu piel
esa esencia de calor
ese errante placer topográficamente desconocido.

No tengo tristeza, pero sí una sonrisa triste
este devenir de recordarte
ante la insistencia de las ganas
vulgares ganas anginas de pecho
y son tantas las fotos
que en mi condición de adicto
consumo
para tenerte presente aunque

tu ausencia me grite todo lo contrario.

viernes, 2 de octubre de 2015

Recuerdos de primavera


Esta noche de octubre la extraño más que siempre
Más oscuro, más triste, más lacerante es este dolor.

Su recuerdo vuelve renuente
Inextinguible
Se me tuercen los años tratando de esconderla
De sueños y primaveras truncas
Mi memoria soporta los embates de su memoria
Se cuelga de sus palabras, de la voz pausada.

Todas las flores envejecieron
Con el otoñal lastre de recordarte
Y es que te vuelves ufana sobre los territorios de mi piel
Cual dueña desnuda de mi dermis
De mis uñas y de los labios que te veneran.

De que forma se escondieron tus ojos
En las diarias muertes solares
Así tu voz, en el viento de invierno
y el calor de tu piel
Como un abrazo de lluvia.

Yo que fui siempre la tierra de tu nación
Yerto páramo en ruinas sin tu presencia
Aguardo los labios de tu siembra

Los dedos del amor de tu cosecha.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Contemplación de tu cuerpo



Qué indómitas ganas
de perderme en tu cintura
ansias en el vicio de
deslizarme como gota de lluvia
lágrima tal vez
por todas tus curvas.

Tu cuerpo es un sagrario
un museo de lunares divinos
la estancia febril
de mis demonios en celo.

Irrefrenable deseo
por doblegar
el páramo caliente de tu piel
hasta perderme
en tus oasís
muerto de sed.

Nunca imaginarías
cómo me consume este fuego
esta hoguera de deseo
por que con tus dedos
recrees mi universo
y estallen mis estrellas
con la explosión de tus besos.

Desnudos labios
calcinantes curvas
de carne rosácea
esos cuerpos celestes
que al tocarme
me desmoronan el alma.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

De un jueves



Algún día morí un jueves
Y un jueves resucité además
Sin saber o sin quererlo
Desde tu luminosa
sonrisa de galaxia
Desde los dedos con los que me escribes

Resucité y no lo sabes, todavía
Además
De que había muerto un jueves cualquiera.

De pronto sin querer,
Tu nombre se pegó a mis palmas
Se infiltró en mis sueños
en forma de flores danzando
en espiral hacia las estrellas.

Empecé a trazar en el aire
Con mis dedos esquizoides
La línea que describe la caída de tu pelo
Sobre tus hombros

Empecé a esculpir caricias
sobre tu imaginaria mejilla

Me endulzaste la rutina
Me regalaste la hermosura de una sonrisa
¡me hiciste sonreír!
Luego de viejos siglos de muertes
De jueves pusilánimes
Resucité al tercer día
Otro jueves, además

Por la caricia de tus manos.

lunes, 20 de julio de 2015

TODO PASA mamá



En la penumbra desaté estos delirios
Esas palabritas prohibidas en la mesa
En el parque, en el bar, en la morgue
Llovió como una Lima de madrugada,
Como un martes de frío de noche por la colonial

Decía entonces que a oscuras me veía
Hecho presa de un dolor afelinado
Masticando con placer estos rudimentarios huesos
Llenos de pena por existir
Por irse de aquí para allá
Por ser tejido no vivo que vive sin vivirse apenas, muerto

Delirio tembloroso en la habitación sin horizontes
De ventanas oscuras al borde al universo
De la nada de estar vivo y sentirse simple-mente
Un organismo que respira y que exhala maldad
Sincero desde las fuentes negras de esta palpitante sangre
Oscura y melosa, colesterílica, apesadumbrante y llorona

Desaté este alarido de muerte que me persigue por la Habich
Y cuasi emitía un zoollozo, un lamento cruel de piel de elefante
Sin memorias que romper
Sin analgésicos que beber
Sin poesía que escribir
Más que la exultante noche oscura y oscura y benigna
Como un tumor en mi autoestima
A punto de hacer metástasis
Y heme aquí
Lloroso como un niño con el juguete roto
Con el alma rota, como un adulto
Como un bastardo con alas rotas
Como un ángel
Como un demonio a quién le prohibieron fumar
Heme aquí
Porque la noche se escabulle entre los poros
Penetra y exhala, se hace y me hece
Me hiede, me duele
Me alimenta y me excreta
La misma noche que he llorado
Este lamento ad infinitum que pronto cesará
Al borde acuoso de una muñeca degollada

Porque hasta el eterno se acaba.

viernes, 3 de julio de 2015

Le tejí un vestido de letras a mi musa

Le tejí un vestido de letras a mi musa, para la noche de fiesta que nos espera, le hice bordados de flores en los costados del infinito y escotes de donde mana mi sed. La vestí del llanto y de alegría para hacerla salir hoy al mundo de los extraños mortales que no la conocen y ante ellos hace venias de concurrir a veces a pasearse por estos valles.
Ella tiene los ojos límpidos y un reflejo acuoso de licor edulcorante. Sus pupilas hechas del rubor de la noche en el mar de un claro humor vítreo, sincerísimo y alborozado. Esconde su mirar de niña bajo el telón de sus párpados rasgados, encuentro una verdad que no conozco y que invoco desde la lejanía de un bar en una ciudad tan distinta.
Sus pómulos firmes logran desvanecerse en la realidad de una sonrisa, hecha de mar y de espuma, tan húmeda y pacífica, su risa, dejando al desnudo las perlas de su boca, la sutileza de una lengua rosácea, madre de las palabras que hacen de su tertulia un espectáculo nocturno, de colores indecibles en medio de la grisura de mi status quo.
Tiene el azabache de su pelo un telar hecho por ninfas y caen como cascadas de luna sobre sus hombros, pequeños, caídos y sencillos, esconden sus cabellos la tentación palpitante de su cuello, el mismo que mi boca ha soñado por noches eternas, terso, de la misma claridad que sus mejillas.
Sus pequeños pechos son unos montes que invitan al reposo, al descanso de este mundo de vértigo, como quedarse aletargado en ellos y dejar que mis manos escruten las suyas previendo un recorrido por su ajustada cintura de sirena mitológica, dedos delgados y fuertes atenazando los míos para no soltarlos más, manos que se ocultan tras las mías como si jugaran a las escondidas. Y me huye una sonrisa, involuntaria, de esta boca abotagada de la lejanía de la inercia de la soledad y el frío de los huesos que no paren más esperanzas ni cuando crujen  dolencias.

La sueño de piernas sinceras y fuertes, listas para recorrer conmigo el mundo de la fantasiosa calle llena de alaridos por la justicia, con los brazos enarbolando la bandera de la verdad, corriendo a mi lado cuando una lacrimógena se esfuerce en desmayarme. La pienso sencilla, de una brillantez intelectual que su boca proclame solo verdades. La sueño solo para hacerla poema mientras en la vera del río de la Colonial sin escrúpulos me siento a esperarla, a dos cuadras de la plaza 2 de mayo, con esa sonrisa que me cautiva, para irnos de la mano hacia el futuro.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Esencias miserabilísimas



Tengo ardiendo en mis entrañas el refulgente dolor amarillo desgraciado. Muerto

apenas como un lirio o una hoja otoñal que cruje de dolor ante las pisadas de la lluvia.

Me quemo y metamorfo en un espacio enlodado en un bicho kafkiano deprimente y risible.

Mi mermada existencia homogénea

se me hace tan insoportable.

Sobre la banca de mármol en la que me avejento enjuto

de alma. Con las manos trémulas ocultas en las cavernas de los bolsillos gelidísimas, delicadas hasta

romperse. Mueren

también conmigo y nos vamos de a pasos agigantados a la mierda, a la mierdísima mierda, al vacío,

al olvido, que es lo mismo, a

la lista miserable de los que no existen.

 Muerte exhala la lluvia cansada y me la inyecta

a sopetones. Calma y solaz no existen desde los momentos exactos de mi presencia en este mundo

miserable, miserabilísimo, aquí donde el cielo llueve con dolor y hiede a muerte, aquí donde dios

escupe

ácido gástrico, aquí donde la tierra es desvirgada y los azules enanos diabólicos no huelgan en la

sobriedad ni

beodado. Soledades

infernales y glaciares se escabullen por mis dedos. Mis sesos estallan sobre el

pavimento y los pensamientos se despanzurran con las tripas coloradas. Y la sangre se

vuelve petróleo y se evapora y el cristal rojo de mi pecho osa detenerse y respiro lo

que un moribundo al rascarse la nuca. Aquí nada es cierto tanto como la certidumbre

de estar vivo rodando por el incesante camino hacia la fosa común. Por esto. Por aquello y por la

nada que nos hace, me

hace, miserable esencia antropoide.

Ángel Oscuro

Ángel Oscuro
De las noches en que temí a la luz

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